lunes, 15 de octubre de 2007

TOM WOLFE Y LA CAIDA DE LOS AMOS DEL UNIVERSO



Los protagonistas de las novelas de Tom Wolfe (Richmond-Virginia 1931), se mueven en los círculos del consumo desmesurado. Son miembros de las clases opulentas, negociantes en los nuevos sectores del mercado, vendedores de bonos en Wall Street o magnates del ladrillo que, como cualquier otro ciudadano, no quieren adquirir productos y servicios sino comprar sensaciones, emociones, experiencias que les hagan sentirse más vivos, más importantes, más perfectos. Cada nueva adquisición es una manera de ampliar su vanidad de grandes hombres, de Amos del Universo. La importancia del producto consumido está en las sensaciones que produce y cada artículo que adquieren es un emocionante símbolo de status. Coches muy veloces, jóvenes parejas, aventuras extraconyugales o lujosos aviones particulares. Lo quieren todo, lo tienen todo. Sin embargo, no pueden escapar del conflicto social que ellos mismos han creado. Cualquier fallo en su conducta los convertirá en carnaza para la plebe. Y como son humanos y ambiciosos, cometen errores. Entonces se ven acosados por grupos que creían tener controlados. La estructura social se vuelve en su contra y cuando quieren darse cuenta, no son más que títeres en manos de políticos, bancarios, funcionarios, empleados y subordinados envidiosos y con ganas de revancha. Los Amos del Universo pasan a convertirse en chivos espiatorios. Llegados a este punto, comprenden que la vida interior es el pilar básico del ser humano y que lo material y los bienes de consumo no suponen nada, son superfluos. Las cosas vitales, y por tanto importantes, no se compran con dinero. Cansados y rendidos, se desprenden de aquello que poseen y se dedican a encontrarse a sí mismos, a buscar su verdadero yo más allá del gasto. Quizás por eso muchos de ellos recurren a la filosofía griega como válvula de escape. Sí antes buscaban sensaciones en el consumo moderno, ahora las buscan en el pensamiento clásico. Esa es la cruel paradoja a la que el propio mercado les ha sometido.

En sus novelas Tom Wolfe actúa como narrador y analista social al mismo tiempo. Se apoya en la antropología como método de análisis y en la idea de que ésta debe estudiar las relaciones y el comportamiento humano, ya sea en las tribus amazónicas o en los apartamentos de Manhattan. Así consigue meter el dedo en la herida del sistema capitalista y hurgar en ella hasta tocar el nervio. Cuando esto sucede, todo el entramado social se estremece y se muestra tal cual es. El dinero, el paro, el racismo, la movilidad, la ambición de los diferentes estratos sociales…, son puntos comunes en todos sus trabajos. Wolfe es sociólogo por naturaleza. No quiere protestar contra el sistema en sus novelas. Quiere descubrir la sociedad y mostrarla, dibujar los diferentes ambientes a partir de la perspectiva del realismo social que buscó desde sus inicios como escritor. Sus textos son la esencia del “nuevo periodismo”. Todo sucede en la sociedad de la libertad política en la que el ciudadano posee tiempo libre y dinero para lograr sus sueños y sin embargo, se encuentra descontento, vacío, prisionero de una necesidad que nunca llegará a satisfacer, la ambición. Los Amos del Universo se desmoronan porque han construido sus pedestales sobre la ficción que supone hoy el consumo. Y lo peor de todo es la tendencia del grueso de la población de Occidente a querer ser, también, Amos del Universo.
* Publicado en la revista Punto y Coma

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